Pensar despacio
Una invitación a la lectura profunda en tiempos de ansiedad denominacional y debate teológico permanente
Hace un par de días terminé de leer (otra vez) el libro What I Stand for Is What I Stand On, de Wendell Berry: un pequeño libro publicado por Penguin, como parte de su serie Green Ideas y que reúne cuatro de los ensayos de Berry1 en un formato sumamente accesible y cómodo. Habiendo completado el libro, me encontré ante una pregunta sencilla: ¿qué debería leer ahora?
La respuesta llegó en forma de un regalo que mi esposa me hizo hace algún tiempo: una edición de Clásicos selectos de C. S. Lewis, una antología que reúne ocho de sus obras más conocidas sobre filosofía, teología y reflexión personal; entre ellas «Mero cristianismo».
Mientras observaba el volumen sobre mi escritorio, pensé en algo que he venido considerando desde hace tiempo.
Estoy convencido de que muchos creyentes que recientemente han adoptado una comprensión reformada de la fe terminan dedicando una cantidad considerable de tiempo a consumir contenido interdenominacional o ecuménico en YouTube. Y aunque una gran parte de ese contenido es producido por personas sinceras, inteligentes y bien intencionadas, sospecho que no siempre contribuye al crecimiento espiritual de quienes lo consumen.
Este tipo de análisis y comparación dogmática interdenominacional —y, en algunos casos, los debates y refutaciones de los apologistas cristianos, sin importar de qué denominación se trate— con frecuencia produce una suerte de «ansiedad denominacional»: una preocupación constante por comparar tradiciones, evaluar diferencias doctrinales y reconsiderar una y otra vez cuestiones que quizás no deberían ocupar el centro de la vida cristiana.
La consecuencia es que la atención se desplaza. En lugar de dedicar tiempo a las Escrituras, a la oración, al estudio disciplinado de la doctrina, o hasta a la lectura de autores que han demostrado su valor a través de generaciones, terminamos consumiendo un flujo aparentemente inagotable de conversaciones, entrevistas y debates. Peor aún, cuando estas conversaciones se trasladan a las secciones de comentarios, con frecuencia degeneran en discusiones donde la búsqueda de comprensión cede su lugar al afán por demostrar quién tiene razón. Lo que comenzó como una exploración de cuestiones teológicas termina convertido en una dinámica de confrontación que raramente produce sabiduría y casi nunca fomenta la caridad cristiana.
No pretendo sugerir que toda conversación interdenominacional sea inútil. Tampoco que debamos aislarnos de aquellas perspectivas que resulten distintas a las nuestras. Mi punto es más sencillo: para muchos creyentes, especialmente en etapas tempranas de formación teológica, la lectura profunda suele ser más provechosa que la exposición constante a controversias y comparaciones.
Por esa razón he decidido dedicar las próximas semanas a la lectura de esta antología de C. S. Lewis.
Lewis ocupa un lugar singular en la literatura cristiana moderna. Aunque no escribió desde una perspectiva específicamente reformada, poseía una extraordinaria capacidad para presentar las verdades fundamentales del cristianismo con claridad, rigor intelectual y belleza literaria. Quizás es por eso que «Mero cristianismo» sigue siendo leído y recomendado por creyentes de tradiciones muy distintas entre sí. En una época dominada por contenidos breves, reacciones inmediatas y controversias permanentes, leer a Lewis nos recuerda el valor de sentarse con una idea el tiempo suficiente para comprenderla.
Junto a la lectura de las Escrituras, sigo considerando especialmente valiosos recursos como la Confesión de Fe de Westminster y su «Catecismo Menor» para quienes desean construir una comprensión más sólida y ordenada de la fe cristiana. Pero también creo que existen autores que nos ayudan a recuperar algo que el ecosistema digital puede erosionar con demasiada facilidad: la capacidad de pensar despacio.
Y pensar despacio es cada vez más necesario.
Necesitamos comprender mejor lo que leemos, especialmente si se trata de doctrina cristiana, para amar lo que es verdadero, bueno y bello.
Así que este será mi próximo libro. Quizás algunos lectores de Prografos quieran acompañarme en la lectura.
Berry, W. (2021). What I Stand for Is What I Stand On. Penguin.
El libro incluye cuatro ensayos escritos entre 1970 y 2000: «Think Little», «The Pleasures of Eating», «In Distrust of Movements», y «The Total Economy».



