Estoy un poco desmoralizado tras ver los resultados del análisis de Pangram sobre mis textos más recientes en Substack. Me asusta, quizás por vanidad y ego, el estigma que, asumo, viene con las etiquetas de «este texto parece escrito con cierta ayuda de IA» o, aún peor por ser más categórico, «este texto se ha creado con herramientas de IA».
En mi área profesional, tanto en cuanto a la producción de animación como en cuanto a la docencia, el uso de herramientas de inteligencia artificial generativa (GenAI) tiene dos bandos definidos y bastante polarizados. Por lo que he leído recientemente, veo que la comunidad de escritores y lectores en Substack no es diferente. Hay quienes odian a muerte las herramientas de GenAI, de las que los LLMs como ChatGPT, Claude y Gemini son parte; y hay quienes les tienen más afecto que el que sienten por editores y correctores de estilo profesionales.
Supongo que no hay mucha sorpresa al respecto, cuando las personas reales son, naturalmente, más difíciles de tratar que una herramienta que ofrece respuestas psicofánticas. Una investigación publicada en la revista Science en marzo del 2026 sostiene que las respuestas psicofánticas —esas de adulación manipuladora, donde todo es acrítico y el usuario siempre tiene la razón— en algunas herramientas de IA tienen un impacto negativo sobre los usuarios (que ellos mismos no pueden percibir), reduciendo sustancialmente su capacidad volitiva y de autocorrección, además de crear una marcada dependencia hacia el uso de la herramienta1. Es más fácil trabajar con «alguien» que, por diseño, siempre nos da ánimos y nos dice exactamente lo que queremos oír.
En cualquier caso, me espanta —más de lo que puedo poner en palabras— la noción de ser percibido como alguien que escribe con IA. Pero, ¿por qué?
En parte, porque me parece que el estigma tiene un peso real sobre la percepción de los lectores. Pero, más personalmente, porque me asusta «perder mi propia voz». No es como que mágicamente voy a abrir los ojos un día y encontrarme a mí mismo escribiendo con herramientas de IA, pero sí veo bastante plausible escribir cada vez más como un LLM, reproduciendo un estilo pulido pero completamente estéril, lleno de aforismos que no son míos para empezar, pero que suenan demasiado elegantes como para dejarlos en el tintero. Es algo que he venido notando, independientemente de lo que diga la integración de Pangram en Substack, pero sus resultados (no importa cuán arbitrarios e inconsistentes) no ayudan. Ya comencé a perder mi voz. La pregunta ahora es, ¿por qué? Y, más importante aún, ¿cómo lo arreglo? —porque me rehuso a pensar que no puede remediarse.

No sé en qué momento «perdí» mi voz. Sin embargo, temo que sea, en no poca medida, por estar leyendo Substack con más frecuencia que antes, interactuando sin proponérmelo con artículos y ensayos de terceros que, apoyándose en LLMs como ChatGPT, Claude o Gemini —lo que probablemente conduce a escritos con los mismos aforismos enriquecidos por IA que tanto quiero evitar—, terminaron influenciando «mi estilo», alejándolo de su forma original.
No es que haya habido mucho estilo para empezar, pero mi prosa era mía, y ahora no se siente así, a pesar de que sé que sigo siendo yo quien escribe. Me sorprendo a mí mismo escribiendo frases «cortas pero profundas», y usando estructuras de «No X, sino Y» cuando constantemente le he pedido a mis estudiantes que las eviten2.
Imagino que si continúo escribiendo lo que realmente sale de mi cabeza, primero en papel, como sugerí en una publicación reciente3, estructurando todas mis ideas en un cuaderno, sin consultarle a Pangram (via Substack) si esto suena como IA o no; mi voz comenzará a salir de nuevo —sea en su forma anterior o en alguna nueva, pero igualmente mía.
También imagino, con más esperanza, que si me aboco a leer ensayos «antiguos», como los de Wendell Berry o los de Hayao Miyazaki —ambos autores de no ficción a quienes admiro mucho y de quienes, gracias a Dios, tengo libros en mi biblioteca personal—, mi estilo se alimentará de cosas que no suenan a IA para empezar.
No estoy bajo la ilusión ingenua de ser invulnerable a las influencias. Todo lo contrario: sé que soy (¡muy!) vulnerable. Por eso quiero que la influencia sea saludable y buena.
Menos substack, más Miyazaki, más Berry, y más tiempo en familia. La prosa ya se resolverá sola, poquito a poco, cada vez que tenga algo nuevo que decir.
Cheng, M., Lee, C., Khadpe, P., Yu, S., Han, D. & Jurafsky, D. (2026). Sycophantic AI decreases prosocial intentions and promotes dependence. Science, Vol. 391 (6792). DOI:10.1126/science.aec8352
Son recursos lingüísticos válidos, y tienen una razón de ser a nivel retórico, pero frecuentemente son innecesarios y oscurecen, sin necesidad, lo que se quiere decir en realidad. Resultaría mejor ir directo a «Y» que decirnos que «no es X» para empezar.




